Caracas, 10/09/2010
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Venezuela | Geografía:
 
 
 
 
 
 
 
 

Estado Aragua - Artesanía

Magdaleno: Un Sonoro Canto de Trabajo

Magdaleno entra al tercer milenio convertido en el pueblo artesanal de Venezuela. El poblado que el Obispo Martí elevó a la categoría de Parroquia el 10 de diciembre de 1790, con el nombre de Santa María de Magdalena, es hoy una de las tres parroquias del Municipio Zamora, y tiene una población de 26 mil habitantes, aproximadamente.

La fiebre que azotaba a los lugareños en las riberas del Lago a partir de 1800, y las posteriores revoluciones condujeron a su práctica desaparición. La población, que en 1873 era de 2.775 habitantes, se redujo para 1881 a 958.

Durante la primera mitad de este siglo su despoblamiento continuó hasta descender, en 1950, a la escasa cifra de 863 habitantes, repartidos en 195 casas. Una década más tarde comienza su renacimiento y su acelerado crecimiento poblacional.

Cuatro décadas han sido suficientes para transformarse en un sencillo ejemplo de cómo una comunidad formada para el trabajo puede construir su propio bienestar económico.

El destino de Magdaleno está indefectiblemente unido a la experiencia artesanal que tuvo su principal impulsor en el emprendedor empresario Eugenio Mendoza. Tal vez allí puedan encontrar explicación los planificadores e investigadores sociales que fueron sorprendidos por la grata realidad de la laboriosa comunidad.

Las palabras del Sr. Antonio Flores, guardador de la memoria de su pueblo, son elocuentes:

"Verdaderamente el progreso de Magdaleno se inicia gracias a Don Eugenio Mendoza, cuando en la década de los 50, tuvo la iniciativa de fundar una empresa artesanal de muebles de madera y enea, utilizando esta fibra que se produce alrededor del lago. Para tal propósito trajo a Magdaleno a un señor de Puerto Rico, de nombre Pedro Gallegos, especialista en la enea. El se encargó de enseñar a las mujeres a procesar la fibra en forma de crinejas, para la elaboración de alfombras, manteles, cuadros decorativos, cestas, etc.".

Esa primera empresa-taller que estaba situada en la Calle Sucre, cruce con 19 de Abril, en una casa colonial propiedad del Sr. Fernando Cabrera, funcionó durante tres años. Luego fue mudada a la calle Bolívar, sector Portachuelo y ya estaba integrada por un numeroso grupo de personas.

Para 1961 los pobladores de Magdaleno se habían empeñado en cambiar el rostro a la aldea. Refiere el Sr. Flores, quien fue el primer administrador de Rentas de Magdaleno, secretario de la Prefectura y Gerente de Ventas de la Industria Comunal Magdaleno, que el 29 de mayo de 1961 se fundó el Comité de Desarrollo de la Comunidad, que contribuyó a transformar la dura realidad.

"Fundamos el Comité para trabajar en obras de beneficio a la población. El 10 de febrero de 1962 se presentó un informe detallado a don Eugenio Mendoza para que nos cediera la empresa. Nos fue cedida en comodato por 25 años y luego obtuvimos un crédito por la cantidad de 25 mil bolívares, que nos concedió la Comisión Nacional de Financiamiento de la Pequeña y Mediana Industria, por intermedio del Banco Industrial d Venezuela. El 22 de febrero de 1962 teníamos. 104 trabajadores de la enea en la empresa, que pasó a ser en adelante Industria Comunal de Magdaleno".

En opinión de Flores de allí salieron los artesanos que apuntalaron el auge económico del pueblo, porque en ella se dictaron cursos de carpintería, repostería, albañilería, costura, mecánica, electricidad y otros, bajo la dirección de técnicos del INCE. Tres promociones egresaron de la Industria Comunal de Magdaleno, entre quienes se encuentran Antonio Herrera, Julio Yánez, Julio Perdomo, Juan Yánez y muchos otros.

Una Historia de Madera y Fibra

Cuando hace aproximadamente medio siglo Eugenio Mendoza compró la Hacienda Macapo, cambió el destino de Magdaleno. Su privilegiada visión de emprendedor observó en la enea -junco que crece a la orilla del lago- un instrumento de cambio y de progreso, y a través de la Fundación Mendoza comenzaron a dictarse los talleres que transformarían al pueblo abandonado en una edificante experiencia que hoy debe servimos de modelo.

Siglo y medio de accidentada vida había conducido al pueblo a una menguada existencia. De manera que lo que se produjo a comienzos de los años 50 fue una verdadera refundación, que tuvo en el recordado hombre de empresa su principal impulsor. Bajo su dirección pasaron por Magdaleno respetados hombres de la ciencia y la educación, empeñados en mejorar las condiciones de vida de un país que en el decir de muchos historiadores no había salido del siglo XIX.

Estas reflexiones las hacemos mientras recorremos el pueblo que ya comienza a vivir los problemas que genera todo crecimiento. Los costados de las calles son vitrinas donde los muebles de madera y hierro forjado exhiben la amplia gama de diseños recientemente incorporados. Atrás, muchos de los amplios solares se han transformado en talleres.

La reconfortante realidad que allí se vive es definida por los dirigentes del sector como "una bendición honrada con trabajo".

El pueblo se convirtió en el destino de compradores de muebles de todo el país desde hace aproximadamente una década. Sin embargo, fue en los años sesenta que comenzaron a multiplicarse las carpinterías. En aquel tiempo cada artesano debía salir a vender sus productos a las ciudades más importantes del país. "Parecía un tiempo muerto, pero fue el mejor porque se consolidó el trabajo", reitera Melquiades Reyna, uno de los principales artífices del renacimiento artesanal del poblado.

Cada Casa un Taller

En Magdalena funcionan actualmente 100 carpinterías y 200 talleres pequeños que generan unos 5 mil empleos directos y 12 mil indirectos. Jóvenes estudiantes y hasta las amas de casa están incorporadas a la producción. Prácticamente cada casa es un taller y muchas de las máquinas que utilizan han sido fabricadas por los propios artesanos. En opinión de Julio Yánez, presidente de la Asociación que agrupa a pequeños empresarios, artesanos y afines, una de las próximas metas es la incorporación de nuevas tecnologías para poder exportar.

Hasta la fecha han recibido tres cursos del Consejo de Desarrollo Económico, Tecnológico y de Exportación del Estado Aragua -CODET-, institución que les brinda asistencia técnica y económica. Están empeñados en buscar asesoría donde esté y ver si encaja en la realidad del pueblo. "No queremos que nos vengan a dar un pénsum de una escuela formal que a nosotros no nos sirva para nada. Preferimos cursos de capacitación puntuales. Que todos los que se inician sepan cómo se trabaja la madera, que no sea simplemente meter clavos y aserrín".

Muchos de aquellos trabajadores que dieron los primeros pasos en la escuela artesanal de Magdaleno son hoy leyendas en la .memoria de la comunidad. Herreros como Henry Carreño, verdadero tecnólogo popular, quien suplió más del 85 % de las necesidades de los talleres inventando cada día un instrumento necesario, y el maestro Honorio Tozzi, tornero y herrero que se incorporó a Magdaleno fabricando máquinas y terminó trabajando la madera, aparecen en la conversación que sostenemos con los distintos artesanos.

Un Catalogo Creciente

El compendio de diseños de los artesanos de Magdaleno es voluminoso. Durante la última década todas las clases sociales de Venezuela compran el mueble country que ellos fabrican. Muchos de los clientes llevan sus propios diseños y el artesano desarrolla la idea.

Los últimos dos años ha habido una incorporación del hierro a la madera en la confección del mueble. El hierro forjado y la madera tallada aparecen como las novedades que avistamos en nuestro recorrido. Igualmente han surgido artífices del cuero, la arcilla, tallistas de piedra y de madera y otras disciplinas. Estos trabajadores se han agrupado en asociación y disponen de una calle que se transforma en boulevard cada fin de semana.

Si don Eugenio Mendoza recorriera hoy Magdaleno seguramente se regocijaría de ver hecho realidad aquel pueblo que soñó en 1950.

Lo Que Tejen es Enea

La mujer teje y canta bajo la sombra de un cotoperix sonoro y frutecido. Lo que tejen sus manos es la enea, fibra que crece a la orilla del lago y fue el primer material transformado en apreciado objeto por los artesanos de Magdaleno.

Antes, en un tiempo de pobreza y comunión con la naturaleza, el junco se irguió en techo y morada de sus antepasados. Ahora es un precioso material en las manos que elaboran lúdicas y utilitarias formas.

Aunque fue la fibra la materia originaria para hacer de Magdaleno un pueblo artesanal, la utilización generalizada de la enea fue interrumpida, ocupando la madera mucho de su espacio conquistado. Hoy hay una campaña en el pueblo para devolverle el protagonismo de años anteriores.

Antonio Herrera, prestigioso artesano del poblado, está convencido de que el futuro de Magdaleno dependerá, en gran parte, del uso que se le siga dando al antiguo material. Su taller testimonia esta preocupación. Allí se confeccionan muebles, alfombras, sombreros y carteras que tienen cada día mayor aceptación entre una exigente clientela del país y el exterior.

El caballero, que está en el oficio desde la edad de 11 años, ha transformado su taller en una escuela. Un manual -que espera imprimir pronto- sobre el uso y las potencialidades del material, también es obra suya.

-"De aquí han salido aproximadamente 50 personas entre hombres y mujeres que están en capacidad de multiplicar la producción de muebles hechos con la fibra del lago".

En su opinión la gente de Magdaleno no ha sabido valorar lo que representa la enea. Como es más fácil hacer el mueble de madera sin tejido la fueron arrinconando en el trabajo diario.

-"Es que la enea tiene que almacenarse y hay que cortada en menguante porque si se hace en creciente se pudre. Pero es nuestra materia prima autóctona, pues crece silvestre en el lago. Además, es el sustento de muchas personas que viven del corte de esta fibra. Es un material que contiene aire en las partes huecas de forma cuadrangular, y debe estar jojota para cortada. Después se amarra en paquetes y se seca al sol durante cinco días hasta que está lista para trabajada".

Herrera también confirma que la utilización masificada de la enea se inició en los años 50, cuando don 'Eugenio Mendoza llevó al pueblo un instructor de Puerto Rico.

"Enseñaron a 100 mujeres y a 20 hombres. Las mujeres eran las tejedoras y los hombres elaboraban alfombras, cestas, esterillas. En 1993 se iniciaron los trabajos de madera y se comenzaron a producir los muebles combinando los dos materiales".

Un Regreso Necesario

Aquellos primeros muebles, verdaderas obras de arte que conservan coleccionistas de todo el país, originaron el prestigio que hoy enaltece a Magdaleno como el pueblo-taller de Aragua. La creciente demanda exigía una producción más rápida y voluminosa. Paradójicamente la más preciosa materia prima fue desincorporada progresivamente. Hoy, en el mercado competitivo, con una acentuada recesión y la mirada puesta en el mercado internacional, crecen las exigencias para los artesanos y el noble material ha regresado.

María Teresa López, Mario Herrera, Yudeysy Mújica y Antonio Herrera han extendido asientos debajo del cotoperix del frescor y la ancha sombra. Están convencidos, al igual que los otros trabajadores de la fibra en el pueblo, que ésta es la preferida de muchos clientes exigentes, por eso siguen tejiéndola con el mismo amor que comenzaron.

"Hasta 1990 todo lo que hacíamos con este material se vendía bastante. Son infinitas las posibilidades que brinda, desde objetos decorativos combinada con madera, hasta grandes alfombras para el uso de casas de familia, empresas o instituciones públicas. Además de los tradicionales muebles que hicieron famoso a Magdaleno".

Allí, a un costado del pueblo, el lago sigue proveyéndoles de la hierba que no cesa de crecer. "Se corta y al día siguiente retoña", aseguran convencidos de que la materia prima autóctona va a recobrar la importancia que tuvo hasta la pasada década.

 
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